jueves, 26 de septiembre de 2013

ART NOUVEAU


Hacia el final del siglo XIX, la Revolución Industrial había generado ya una gran controversia,



 tanto en la sociedad como en el mundo artístico. Este «progreso» no fue bien recibido por la sociedad intelectual: escritores, pintores, académicos y demás conservadores, escandalizados, se esforzaron por contrarrestar este avance.


Surgió entonces el movimiento de artes y oficios que proponía regresar a lo esencial, al objeto único, a la estética simplista y funcional. Este rigor conservador puso la mirada de nuevo en lo clásico y limitaba la creatividad. Hacia 1890, en el panorama creativo se originó una nueva tendencia: el art nouveau, cuyo precursor, William Morris, había participado en el movimiento de artes y oficios, pero con una visión más amplia y progresista.
Ya fuera en dibujos, grabados, carteles, revistas, pintura y poesía; ya fuera moldeada en hierro, cristal, bronce o madera; ya fuera en la arquitectura, en la poesía, en la pintura o en las artes aplicadas, la sensualidad de la mujer fue el tema a desarrollar: la voluptuosidad de un vestido, el vuelo de una larga cabellera, el misterio de una figura semidesnuda, la belleza prístina de la juventud y la blancura de una piel suave. Las flores, la hiedra, los lirios, el nácar, las mariposas y las libélulas, así como las nubes y los cisnes simbolizaron la exaltación sensual del tema femenino, del cual surgió una nueva estética ornamental.

Si bien cada versión regional del art nouveau tiene su propio sello, su propio simbolismo, su propia influencia, todos los representantes de este movimiento tienen en común la versatilidad. Se trata de nuevos humanistas, hombres universales cuyo quehacer abarcó más de una disciplina.








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